
Cuando Cintia, nuestra discípula amada, comenzó a quedarse en casa para asistir a las reuniones, ya que le quedaba muy trasmano volver a su casa de noche y tan lejos, después de las reuniones, una de las cosas que su madre me dijo fue: Cuidamela Jorge!
Recuerdo la responsabilidad que hizo sentir sobre mis hombros tales palabras, era como si me estuviera diciendo: Mira Jorge, que yo no le dejo mi hija a cualquiera, pero te tengo cierta confianza, así que la dejo a tu cuidado, LA ENCOMIENDO EN TUS MANOS. (Al fin de cuentas, como mi esposa es muy madraza, la vive cuidando ella mas que yo) Entonces mi esposa se asegura con el líder de jóvenes si la van a acompañar de regreso a casa…y estamos orando en todo momento para que nada malo le acontezca, y cuando yo la acompaño pienso: primero tendrán que pasar por mi cadáver…Así que los fines de semana, su mamá la deja en nuestras manos y nosotros no podemos fallarle, tenemos que cuidarla como a una delicada florcita.
Si nosotros sentimos una responsabilidad tan grande de cuidar a quien dejan en nuestras manos, cuanto mas Aquel que con Amor eterno nos ama!
No vivan preocupados por tener más dinero. Estén contentos con lo que tienen, porque Dios ha dicho en la Biblia:
"Nunca te dejaré abandonado".
Por eso, podemos repetir con toda confianza lo que dice la Biblia:
"No tengo miedo.
Nadie puede hacerme daño
Porque Dios me ayuda".
(Hebreos 13:5-6)
Decile a Dios que pones tu vida bajo su especial cuidado, luego disponete a creer que El no te fallará, y vas a comprobar cuan amable es El con tu pedido. (Paráfrasis del autor)
Si buscamos un lugar seguro
Si buscamos el mejor lugar
En las Manos de nuestro Dios es conveniente estar
¿Por qué deberíamos encomendarnos en las Manos del Señor?
Porque aunque creamos lo contrario, no podemos cuidar de nosotros tan bien como lo haría El
Jesús ilustró muy claramente esta idea cuando señaló como el Padre sustenta y sostiene a las aves y a los lirios del campo, destacando así su cuidado para aquellos que esperan en El.
Frente a circunstancias de inevitable peligro nos proponemos permitir a Dios que sea El quien nos cuide, mientras demostramos una conducta respetuosa y de firmes convicciones. (II Pedro 4;12-19) Para esto es necesario confiar plenamente en que el Señor sabrá cuidar de nosotros, aún si tuviéramos que padecer o perder la vida. Si es que en sus Manos estamos, entonces es lo mejor que nos puede ocurrir. (Heb. 11: 13-16 y 35-40)
Porque nuestra ira no obra la justicia de Dios
Nosotros jamás obraríamos tan justamente como Dios al juzgar una causa. Si observamos la conducta del ser humano, nos percataremos de que quien decide actuar como justiciero, se vuelve tan vil y despreciable como sus enemigos. Finalmente la conciencia de aquel que ha decidido tomar justicia por sus propias manos lo atormentará en todo tiempo.
Personalmente se muy bien de lo que estoy hablando porque en mas de una ocasión he vivido situaciones donde la tentación a hacer justicia por mano propia era muy fuerte. En una ocasión estuve a punto de romper con una barra de hierro la cabeza de un hombre que molestaba mucho a mi madre y a mis hermanos. Gracias a Dios que no lo hice, ya que lo que yo esperaba era un motivo en ese día, pero en ese día no me dio ninguno, y luego me ausenté por un tiempo hasta que le dije sí a Jesucristo.
En otra oportunidad estuve pensando clavarle un cuchillo en la panza a un patrón muy pendenciero, pero agradezco al Señor que me dio la templanza para no hacerlo.
Finalmente el Señor me concedió la gracia de perdonar a un muchacho que me comenzó a agredir, aunque no logró hacerme ningún daño mas que el spicológico. Pasé unos meses con cierto rencor y con el pensamiento de que si me llegaba a dar algún motivo, descargaría toda mi furia sobre él. De esto también el Señor me sacó en victoria. Ya que fui llevado por Dios al punto de rendirme totalmente a su Amor y a su Voluntad y de perdonar por completo a tal persona, de manera que luego el Señor me permitió verme con el, pero esta vez, para sorpresa suya, yo ya no tenía rencores y podía saludarlo con una sonrisa. (Rom 12: 17-21)
R.J.Albarenga
Tags: Manos de Dios, cuidado, encomiendo, circunstancias, justicia de Dios, mano propia